Un total de 39 personas fallecidas que no fueron reclamadas por sus familias fueron inhumadas durante enero en el Panteón Guadalajara, en distintos procesos realizados como parte del cierre de sus expedientes, luego de permanecer bajo resguardo forense y de que se agotaran las búsquedas de familiares en varios de los casos.
Detrás de cada uno de estos cuerpos hay una historia inconclusa y, en muchos casos, una familia que sigue buscando. Por eso, en el proceso participó una Comisión de Inhumación en la que también están representados colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, que revisan y acompañan este tipo de decisiones para que no se pierda la posibilidad de una futura identificación o reclamación.
De acuerdo con la información disponible, 19 de las inhumaciones se realizaron tras la recomendación directa de esta comisión. En otros casos, se trató de personas que ya estaban identificadas, pero que no fueron reclamadas, por lo que la sepultura se convirtió en la última etapa para darles un destino digno.
El 22 y 23 de enero fueron sepultadas 20 personas identificadas que no fueron reclamadas por sus familiares. Más adelante, el 30 de enero, se inhumaron otras 10 personas, seis de ellas sin identificar y cuatro identificadas, luego de que se agotaran las gestiones para localizar a sus seres queridos. A esto se sumó un proceso adicional realizado el 9 de enero, en el que se dio sepultura a nueve personas más.
En total, de las 39 personas inhumadas, 34 eran hombres y cinco mujeres. Todas permanecían bajo resguardo del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, mientras se realizaban los procedimientos legales y las labores de búsqueda de familiares.
En las diligencias participaron también personal del panteón, autoridades de seguridad y representantes de derechos humanos, con el objetivo de garantizar que los traslados y las inhumaciones se realizaran con respeto y conforme a los protocolos.
Para los colectivos y las familias que buscan a alguien, estos procesos no significan un cierre definitivo, sino una forma de dar un trato digno a quienes no han sido reclamados, sin cancelar la posibilidad de que, algún día, puedan ser identificados y regresar con los suyos.
