#JuevesDeNostalgia El rostro oculto de La Minerva

En el año 1956 la ciudad de Guadalajara experimentaba un crecimiento vertiginoso, solo unos años antes el gobernador González Gallo había transformado sus pequeñas calles en grandes avenidas, logrando así modernizar su traza urbana. El límite poniente de la ciudad estaba definido por Los Arcos, hito urbano realizado en 1942 para conmemorar el aniversario número cuatrocientos de la ciudad; sin embargo, de acuerdo a la tendencia del crecimiento de la ciudad, era de esperarse que Guadalajara siguiera extendiéndose mucho más hacia el poniente; y es justamente allí donde el gobernador en turno Agustín Yáñez, escritor y apasionado del mundo clásico, concibió a La Minerva como un intento de materializar el ideario ilustrado y liberal a través del arte público.

La modelo de la escultura fue la propia esposa de Agustín Yáñez, Olivia Ramírez Ramos, originaria de Sayula, quien por idea de Julio de la Peña, arquitecto encargado de la construcción de la glorieta, se convirtió en la “musa mexicana” que inspiró el naciente hito urbano. De esta forma, Agustín Yáñez y los involucrados en el diseño de la glorieta y la escultura de La Minerva lograron conciliar una tradición universal con un relato regional en un espacio público de Guadalajara.