Elaboran pan de muerto, cubierto con ceniza negra, en Tlaquepaque

El origen del pan de muerto proviene de la época precolombina, a lo largo de los años ha evolucionado, y es producto del sincretismo, entre las culturas prehispánicas y españolas. Siguiendo la tradición de elaborar este alimento en estas fechas, en Tlaquepaque preparan pan de muerto con cobertura de ceniza negra de totomoxtle, azúcar y canela, explicó el panadero, David Mesa.

«La ceniza es la hoja de la mazorca de maíz incinerada, se mezcla con azúcar y canela, y se cubre. El pan está relleno de camote con guayaba, es un dulce que hacemos nosotros en caso de cobre, no lleva colorante, no lleva nada más, la ceniza de totomoxtle es lo que le da el toque», expresó.

La palabra totomoxtle proviene del náhuatl, también se le conoce como totomochcle, totomochtle, totomochtli, totomoscle, totomosle, totomoste o totomochtli.

En la gastronomía gourmet la ceniza de totomoxtle se utiliza en guisos y postres, como en la nieve de maíz con cubierta de totomoxtle, conocido como helado negro, y en el pescado frito con ceniza de totomoxtle.

En el menú de esta panadería, también hay pan de muerto cubierto de chocolate y gragea, y otros con 10 diferentes rellenos; el típico, es el espolvoreado con azúcar.

La panadería «La Magnífica» también ofrece pan de muerto de la suerte: un pan con forma de difunto, empacado en una cajita de cartón semejante a un ataúd; en su interior el pan trae un mensaje escrito al azar, parecido a las galletas de la suerte.

El origen del pan de muerto se remonta a la época de La Conquista, cuando se practicaban los sacrificios humanos; los españoles sugirieron que los corazones humanos se sustituyeran con pan de trigo cubierto de azúcar roja, que simularan el corazón de las doncellas, sin que éstas tuvieran que perder la vida.

El círculo del pan de muerto simboliza el cráneo del difunto, y las tiras realizadas que se colocan encima, representan los huesos del cuerpo humano.

Elizabeth Rivera Avelar