Daniel Sosa reconoce que Loco, México, Mágico representó un reto actoral al alejarse del personaje de comediante que el público identifica en él. Bajo la dirección de Carlos Santos, el actor tuvo que dejar de lado los chistes para explorar una faceta distinta en pantalla.
“No queremos ver a Daniel el chistoretón. En la primera toma, en la primera escena, va y me dice: ‘Tú no puedes hacer chistes’. Y yo de: ‘No, man, ¿yo ahora qué voy a hacer? ¿Quién soy?’”, señalo Sosa.
Sosa aseguró que durante el rodaje descubrió una parte de sí mismo que ahora comparte con el público, aunque admite sentirse nervioso por la reacción de sus seguidores. La película también busca presentar una mirada distinta del país, sin ignorar sus problemas, pero evitando que estos sean la única narrativa sobre México.
“Tenemos problemas, entonces todo está mal para siempre. No. Sí está mal, pero hay que encontrar también las cosas buenas”.
Para Carlos Santos, la película surgió de manera orgánica y está ligada a su propia experiencia como cineasta. El director la define como una carta de amor al oficio y apuesta por contar historias desde una perspectiva más emocional que racional.
“Es una carta de amor al hacer cine, a la aventura de hacer cine”.
Con Loco, México, Mágico, Santos y Sosa buscan celebrar la identidad mexicana desde sus situaciones cotidianas, su humor y también sus contradicciones. Una propuesta que, en palabras del director, puede resumirse en tres palabras: “Una celebración de México”.
