Conflicto entre Casa Blanca y su embajadora ante ONU.

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El presidente Trump veía el domingo la televisión cuando vio a Nikki Haley, su embajadora en la ONU, anunciar que él impondría nuevas sanciones a Rusia. El presidente se enojó, de acuerdo con un funcionario con conocimiento al respecto. Según el mandatario, él no había decidido nada así, publicó The New York Times.

La diferencia salió a la luz como una asombrosa manifestación de una desavenencia originada no sólo por posturas encontradas sobre Rusia sino de preguntas en torno a ambición política, celos, resentimiento y lealtad.

El conflicto se hizo público el martes cuando un funcionario de la Casa Blanca señaló que la declaración de Haley había sido una “confusión momentánea”. Lo anterior hizo que ella respondiera asegurando que no se “confundió”. La desavenencia pública apenó a Haley y reforzó las dudas respecto a la política exterior de Trump —y a quién habla a nombre de su administración.

Como mínimo, el episodio resaltó la falta de comunicación sobre la política exterior en un gobierno sin secretario de Estado, un jefe de colaboradores de la Casa Blanca cada vez más marginado y un asesor de seguridad nacional que ha dejado fuera a muchos funcionarios de seguridad nacional en la Casa Blanca pero aún no trae a su propio equipo.

De acuerdo con varios funcionarios, la Casa Blanca no notificó a Haley el cambio de decisión respecto a las sanciones.

“Es una embajadora muy eficiente”, dijo en Florida a reporteros Larry Kudlow, el asesor económico presidencial, “Pero tal vez hubo alguna confusión momentánea al respecto”.

Horas después, Haley habló con Dana Perino de Fox Neews, quien citó al aire su respuesta: “con el debido respeto, yo no me confundo”.

Luego Kudlows se disculpó vía telefónica con Haley. “Definitivamente no estaba confundida”, dijo Kudlow al New York Times. “Fue un error decir eso”.

Más allá de la falta de comunicación, existen una tensión más profunda entre Trump y Haley, de acuerdo con funcionarios de la administración y otros allegados. Probablemente Haley haya sido la voz más militarista sobre Rusia en el equipo dirigido por un presidente que ha enfatizado su ferviente deseo de mantener lazos amistosos con el presidente Vladimir V. Putin.

Por momentos, lo anterior sirve a los intereses del mandatario porque Haley puede decir lo que él no dirá. Pero en otros, la franqueza de ella exaspera a Trump.

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